Detrás de un Titular

Confieso: Reniego de esta vocación en mis venas desde la niñez, cuando veía como Clark Kent se postulaba como adalid de la justicia deteniendo balas con su pecho, empleando sus oídos capaces de oír hasta lo inaudible y surcando los cielos como un guardián de los hechos más insólitos. Su necesidad por generar un cambio en la sociedad a través de la búsqueda de la verdad y el rescate de lo humano me parecían acciones aún más nobles que las del mismo Superman, su alter ego. Desde entonces, comprendí que el periodismo era una tarea digna de héroes anónimos, ocultos detrás de un titular, de un copete, capaces de adentrarse en los más intrincados laberintos de la sociedad contemporánea para ser testigos del acontecer y cómplices de un cambio.

Según Pichón Riviere, la necesidad es el motor de la acción humana. En el caso del periodista, la curiosidad es su principal impulso. La obsesión por el dato, por la versión de los hechos más cercana a lo realmente acontecido promueve una batalla interna cotidiana en la mente de cualquier relator de sucesos e investigador nato.  Al igual que Clark Kent, el periodista tiene la habilidad (fastidiosa para muchos) de presentarse en donde no lo llamen, de participar de lo que no le incumbe y de decir lo que nadie más se atrevería. Todas estas acciones, promovidas principalmente por la afanosa curiosidad. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Acaso sólo es la curiosidad lo que moviliza la acción periodística? ¿Cuánto mérito tiene ella en la producción actual de contenidos en los actuales medios de comunicación, devenidos en importantísimas corporaciones generadores de información y entretenimiento? ¿Acaso la curiosidad se ha convertido en una mera instancia más de la fabricación de paquetes informativos en lugar de ser un ideal de motivación?

Mercenarios del dato se convierten aquellos que son reclutados por las corporaciones profesionales para completar páginas en blanco y horas vacías en la vorágine de producción comercial de noticias. La lógica mercantil es la kriptonita verde dólar que debilita la vocación de cualquier Clark Kent, arrastrándolo detrás de un escritorio y volviéndolo un mero comentarista de hechos.

Sabias palabras empuño Gabriel García Márquez al expresar que el periodismo es la profesión más linda del mundo, es especial para aquellos que todavía no perdieron la ilusión de promover una acción modificadora del actual panorama social. Después de todo, quién se atrevería a decir lo contrario de una vocación que acelera los latidos los 365 días del año, por la cual uno se embarca en aventuras aun más sorprendentes que las narradas en cualquier ficción, enfrentando peligros y superando obstáculos al mejor estilo Sherlock Holmes, en una detectivesca travesía en busca de un objetivo: La verdad (o para ser más sinceros, su versión más fiel).

La sensibilidad ante los hechos es una de las principales herramientas de acción, ayudante incansable para detectar la noticia en cada dato circundante; y sin embargo, la imaginación juega un papel importantísimo para poder hallar el eje central y el modus operandi con el cual el periodista empleará su instrumento más hábil: el lenguaje. Palabras y frases son concatenadas en una semántica mediada por la subjetividad profesional de quien narra los hechos, con la clara intención de disfrazar al héroe detrás de la máscara de la objetividad para enaltecer la profesión. Ingenuos los que consideran que las huellas del hombre pueden ser desprendidas de cualquier acto lingüístico, y más ingenuos aún los que se consideran capaces de cometer tal hazaña.

El Periodista se convierte en portavoz de aquellos que se escudan detrás de un “off the records”, o quienes deciden resguardarse en carátulas genéricas y profesionales. Sin desenmascarar a sus informantes, la labor del relator del acontecer se vuelve una metódica investigación y recopilación de piezas para configurar el sentido del rompecabezas. La lealtad y la empatía deben ser un lema que acompañe el accionar periodístico, así como también el empleo de la persuasión para inspirar confianza y conseguir la primicia.

Es desgarrador comprender, cuando uno crece y la ilusión de todo niño se distancia con la rutina diaria, que de facto Clark Kent es una especie en extinción. El capitalismo ha calado hondo en la infraestructura mediática, y la curiosidad periodística tiene acceso denegado y bozal mercantil ante verdades corporativas, económicas, políticas y sociales. La búsqueda de la primicia es una misión financiada por el “raiting” y la censura va de la mano de la ley, custodiada por cartas documento, vendando los ojos a la justicia  ante hazañas de corrupción, amenazas y atentados cometidos contra la prensa, cuando es necesario acallar voces.

Según la web de Reporteros Sin Fronteras (fundación que funciona desde 1985 defendiendo y trabajando por la libertad de prensa en los cinco continentes), en 2011 más de 66 periodistas fallecieron en acción (un 16% más que el año anterior), registrándose a Medio Oriente y América Latina como los principales focos de peligro por sus antecedentes de violencia e inseguridad. Según la organización, más de 1044 periodistas fueron arrestados ese año, y 1959 fueron amenazados o agredidos. En lo que va de 2012, 11 periodistas fallecieron y 156 fueron encarcelados.

La batalla por esclarecer la realidad y brindar herramientas que promuevan una visión crítica y un accionar revolucionario es ardua. Por suerte, existen antecedentes de quienes desenvainaron su pluma, palabra y arriesgaron sus vidas para contar lo sucedido cuando muchos intentaron ocultarlo. Rodolfo Walsh es nuestro referente nacional, y detrás de su estilo y obsesión por el dato se devela su compromiso profesional y su curiosidad vocacional. Inspirándonos en sus investigaciones nos enfrentamos a la punta de un iceberg de profesionales que continúan diariamente enfrentándose a batallas éticas al momento de narrar un hecho, compareciendo ante editores que necesitan nombres concretos cuando las fuentes son anónimas y necesitan ser protegidas, luchando contra intereses económicos y políticos cuando los anunciantes son los protagonistas de nuestras investigaciones; en síntesis, aún hay quienes viven, sienten y disfrutan de esta vocación como héroes anónimos de una sociedad que quizás no agradezca su labor, pero que la necesita para alcanzar un cambio.

Eduardo Galeano – Sobre el Periodismo…


Licencia Creative Commons
Confesiones de una mente al borde de la ciclotimia galopante por Jonathan Picossi se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s