A simple vista

A simple vista confundimos la simpleza de una flor con la complejidad interna de un laberinto de espinas, sentidos y recuerdos.

A simple vista percibimos algo que se asemeja al amor, pero si aguzamos la mirada quizás nos percatemos de que la magia existe tras comprobar que fuimos parte de un hechizo bien tramado.

A simple vista nos rodeamos de barrotes cuando en realidad somos propietarios de una libertad negada por un dogma, una convicción, un principio.

A simple vista nos ahoga el caos de una orquesta de ruidos concertados para que no hallemos silencios donde podamos escuchar nuestro propio latir.

A simple vista creemos imposible lo potencial, verídico lo incierto, confiable una voz de mando y destino un sendero desconocido plagado de probabilidades pero sin posibilidades de elección.

A simple vista un astro nos flecha, ciega, hiere, desangra, cura, protege, objeta, inspira… sólo con un gesto: Simplificando, lo denominamos Amor.

A simple vista el odio nos eclipsa y nuestro reflejo se vuelve un karma irreconocible.

A simple vista el orgullo detiene nuestros propios impulsos cuando el corazón se acelera, como una alarma que nos protege ante posibles heridas difíciles de cicatrizar.

A simple vista una sonrisa esconde mil lágrimas, una lágrima oculta un desgarro, una marca un recuerdo, y el pasado una personalidad.

A simple vista un estado aparenta ser completamente cierto y sentido.

A simple vista una decisión impone seguridad, simplifica una displicencia, atesora una responsabilidad.

A simple vista la soledad se asemeja a una condena, cuando en realidad es la oportunidad única de diseñar una nueva estrategia.

A simple vista la simpatía es sólo una cualidad, cuando en realidad es la exteriorización de un bienestar por el cual se lucha cotidianamente.

A simple vista arriesgarse se parece a un vacío obscuro y el miedo es como un montón de escombros enlazados a nuestros pies, que nos detienen, arrojan, alejan, inquietan y aprisionan como un castigo tras error cometido.

A simple vista el desamor es como una sentencia a perpetuidad.

A simple viste una roca parece insondable, pero la paciencia avala su constante metamorfosis. El cambio es posible sólo si confiamos en que la voluntad nos guiará a un estado más potable.

A simple vista consideramos reales las sombras en el calabozo del dogma, cuando lo cierto es que son proyecciones de una convicción impuesta.

A simple vista vemos lo que aprendemos a ver, somos lo que queremos que el resto considere que somos, queremos lo que la conciencia discierne correcto, pero sentimos lo que está latente, aunque más de una vez decidamos desoírlo.

A simple vista hay una distancia entre nosotros, pero si nos deshacemos de los lazos que nos detienen, si aprendemos a ver nuevamente, a ser lo que sentimos, a razonar lo necesario y a liberarnos de la testarudez propia e impuesta, seremos capaces de ver lo que realmente es valioso: Vos y yo.

Jhonny Picossi

Melt My heart to Stone – Adele

Licencia Creative Commons

Confesiones de una mente al borde de la ciclotimia galopante por Jonathan Picossi se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.

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