Confesiones de una mente al borde de la Ciclotimia Galopante: Ser Pelotudo, diagnóstico prenatal de una cualidad humana

Dicen que los bebés traen un pan bajo el brazo… yo la verdad, considero que más que pan, traen algo similar a un título universitario, una acreditación para sobrevivir en este planeta… “Ser humano/ser pelotudo”. ¡All inclusive! Nadie puede rehusarse a recibirse de Pelotudo Profesional apenas emerge a esta sociedad miserable y hegemónicamente moralista que lo único que sabe decir es “esto si, esto no, esto se hace así, no de este otro modo”, y que por ende nos permite nivelar la graduación de pelotudez pasando de “pelotudo novato” a que “pedazo de pelotudo”, o “pelotudo entrenado” a “flor de pelotudo”. En todo caso, un “pelotudo importante”.

Todos nos hemos enfrentado a la fucking situación de sentirnos patéticamente pelotudos, tanto por haber tomado una decisión de la cual nos arrepentimos, por arriesgarnos y estamparnos contra una pared sin revoque, o bien por no animarnos a tomar una decisión (aunque eso además de pelotudo es de cagón).

Es horrible el grito ahogado que se nos escapa apenas recordamos alguna de estas situaciones en las cuales nos sentimos particularmente ridículos, como cuando le preguntamos a una gordita si esta embarazada y sentís ese comezón helado en la nuca cuando te mira con reprobación; cuando te despertás con resaca y un torbellino de recuerdos confusos y los buenos amigos te invitan a un entretenido paseo por todo el museo de mocos que te mandaste la noche anterior, o peor aun, cuando tus amigos cuentan anécdotas desastrosas tuyas de las que vos no tenés noción; cuando la persona que te gusta y por la cual venís remándola condenadamente de pronto se sube al yate de otro sujeto y quedás con Wilson en la isla; o bien cuando tu mamá cuenta a los juegos que disfrutabas vos de nene y te sentís particularmente ridículo ante quienes oyen y ríen con semejante imaginación infantil. ¡“Éramos tan pobres”, diría Olmedo!

También hemos catalogado con similar epíteto y varios superlativos a sujetos que han actuado de la misma o peor manera, y ahí, queda comprobada la gradualidad de la pelotuditis crónica humana, rayando la hijaputez en algunos casos. A más de un@ hemos querido sacarle un pasaje cómodo, directo y sólo de ida a la tan visitada concha de la lora, justo después de la loma del ojete, en especial a los sujetos que concuerdan con las siguientes frases: “No se qué me pasa cuando estoy con vos, pero estoy segur@ de que a vos no te pasa lo mismo” (pelotudo histérico); “Nos sos vos, soy yo, pero en realidad sos vos aunque directamente no quiera decirtelo” (pelotudo negador-psicótico); “Creí que teníamos las cosas claras” (acá el/la pelotud@ es uno que se confunde); “¿Estás bien?” (pelotudo bruto, ciego, sordo, mudo y neuróticamente ingenuo); “Yo sé que si te miro con esta carita haces lo que yo quiero que hagas, pero hago lo posible para que creas que es todo decisión tuya aunque en realidad no lo quieras” (acá el/la pelotud@ volvés a ser vos que tenés el no difícil).

Alguien dijo alguna vez que errar es humano… y no se equivocó para nada. Últimamente parece que errar se me está bolbiendo cotidiano… ahh, no, que pelotudo… “BolBiendo”, nanana, dejate de joder… hora de autoflagelamiento en el patio en un fuentón de agua fría y con un látigo con esquirlas de vidrio YA!! Más que errar, yo diría que autoboicotearse permanentemente es más humano, y auto-odiarse por cada uno de los errores que uno considera haber cometido. “Qué pelotud@” es la frase que encaja perfectamente en un suspiro instantes luego de haberse mandado la “gran cagada” del siglo, o bien, de no haber actuado y entonces quedarse con el sabor amargo de la pregunta ¿qué hubiera pasado si yo…?

Deshoras – Babasónicos

Creo que el epicentro de esta actitud tan humana que es la pelotudez raya en la poca autenticidad que la sociedad impone y el sujeto responde. No es que estemos todos adiestrados para responder ante un estímulo de una manera empática y esperada todo el tiempo (salvo algunos casos), pero si estamos “domesticados”, tenemos un determinado molde y nos cuesta demasiado romperlo. No nos animamos realmente a salir del cascarón que nos aporta seguridad, abrir las alas y alzar vuelo, en una actitud sanamente nómade (física o filosóficamente hablando). Creemos que a través del conformismo y el acuerdo permanente alcanzamos mayores beneficios personales a costa de los beneficios colectivos que podemos encontrar mediante el conflicto, el debate y la libertad de pensamiento y expresión… Yo tengo todo el derecho del mundo a equivocarme, y no por ello debo dar cuenta de cada uno de mis errores y autoflagelarme durante una vida entera. Si nací pelotudo, significa que tengo derecho a ser pelotudo, a crecer pelotudo y a morir pelotudo, y por ende a pelotudear toda una vida… es decir, tengo derecho a errar, y por ende, el deber de responsabilizarme pero no culpabilizarme.

El miedo nos paraliza. La autoexigencia nos ciega. La autodestrucción nos consume. El autoboicot nos eclipsa. Y de ahí devenimos en una implosión emocional sin precedentes. “PELOTUD@@@@@@” RESUENA en nuestros tímpanos y nos hace perder por un minuto el equilibrio. “Lo único que falta es que te caigas, pelotud@”… Sin embargo, luego de la detonación es conveniente no dejarse caer tan bajo, no negar y evadir el conflicto, sino más bien enfrentarlo con toda la voluntad posible para salir rampantes, con algunas quemaduras de gravedad que con el tiempo irán sanando.

De pronto te encontrás comiendo helados cotidianamente (algunos otros vicios son admitidos), escuchando canciones masoquistas que reflejen tu estado, mirando películas que te sequen los oculares de tanto estimular el lagrimal, hablando con cualquier persona en cualquier circunstancia con el fin de no sentir la soledad calando hondo, todo como parte de la pelotudez de un corazón lastimado o frustrado… una actitud más patética que la otra, durmiendo el día entero, sintiendo que las horas se vuelven años y “cada paso que doy, cada historia de amor, todo, todo me recuerda a ti”… (Sollozos; Apartado especial para el corazón que siempre merece una confesión ciclotímica galopante, porque es un tema que nos toca a varios, por no decir a todos en algún momento). Sí… vamos, díganlo conmigo: ¡¡¡¡QUE PELOTUD@@@@@@!!!!

La lógica humana es tremendamente pelotuda… ¿por qué tenemos la imperiosa necesidad de racionalizarlo todo? ¿Acaso eso nos aporta mayor seguridad? La razón suele convertirse a veces en la peor enemiga de uno mismo, ya que está plagada de vicios y perspectivas contraproducentes que encuentran clara contradicción con las propias ideas y sentimientos en la mayoría de los casos… quizás de allí devenga la histeria (por igual dosis en hombres que en mujeres).

De todas maneras, permítanme decirles que para mi, el mayor pelotudo es aquel que no arriesga por miedo a perder.

Un temita de regalo: Calma Pueblo de Calle 13


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Confesiones de una mente al borde de la ciclotimia galopante por Jonathan Picossi se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.

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