Confesiones de una mente al borde de la ciclotimia galopante: ¿Si la relación terminó, el amor vuelve? Sintomatología de un sentir cuasi-crónico: EX

Sí, lo admito, soy de las personas que gustan automedicarse, si bien sé que está mal, y les recomiendo que ante cualquier síntoma de cualquier peste, visiten un médico de confianza (jeje)… pero bueno, no soporto estar enfermo o sentirme mal, es algo que, como todo en mi vida, tengo que resolver con la mayor de las urgencias porque sino me siento superado por la galaxia, como si fuera un trocito de pan en medio de un café con leche gigante, y me saaaaco, me pongo loooco, me pongo maaaalo, y a nadie le conviene verme mal… ay, perdón (ingiere pastilla). Sigo: Yo si me duele la cabeza tomo urgente un analgésico; si es el estómago, una pastilla en perla muy reconocida; si tengo tos, algún jarabe o tecitos también muy reconocidos; todo parece tener una solución farmacológica, todo excepto… el mal de amores.

Terminar una relación es tan feo como agarrarte los huevos con una exprimidora de naranjas o una waflera (claramente no creo que ninguno de los lectores lo haya hecho, no tiene lógica… aunque hay cada loco, ¿pero exitarte con una Waflera como para poner los huevos ahí? Hay que estar mal, eh). Si bien hay quiebres de relaciones más traumáticos que otros, todos dejan la misma sensación: el amor es como si un camión con doble acoplado te pasara por encima, hiciera marcha atrás y volviera a pisarte, llevándote directamente al mismísimo cielo o al peor de los infiernos… en el mejor de los casos, una especie de limbo o purgatorio donde la piloteas, mal que mal…

Yo creo que el mal de amores es como recibir un escupitajo facial de Cupido en vez de una flecha… es como si el gordito pelotudo y rubio se te cagara de risa en la cara: “Te cague, te cague, te cague…” y a vos te dan ganas de ensartarle cada flechita en el centro de cada chacra… (quiero aclararles que no soy un ser violento, todo paz y amor, pero cuando lo agarre al pelotudito este de cupido… ahh no, para qué contarlo…)

 Aquellos obsesivos por el detalle como yo quizás puedan sentirse identificados con mis actitudes minimalistas ante los recuerdos materiales de mi relación acabada, todos bien atesorados en una caja de zapatos escondida en mi habitación… sí, enfermizamente meticuloso he llegado a guardar boletos de colectivo de viajes importantes efectuados para encontrarme con esa persona, con quién por suerte hoy por hoy no somos “como dos extraños conocidos”, no como muchas parejas que encuentran final dramático y luego repiten escenas como las siguientes, en contextos variados:

–        Bolud@, mirá disimuladamente para tu izquierda… ¿es@ no es tu ex? ¡DISIMULADAMENTE, PELOTUD@!

–        Uh… si… ¿Cómo estoy? ¿Estoy bien, pelo, ropa, todo? ¿Me veo bien? ¿Está sol@, vino con alguien?

–        No sé, no veo con quien habla…

–        ¡¿Está hablando con alguien, fijate bien, bolud@?! ¡Hij@ de puta, se puso la mejor pilcha que encontró en el placard! ¡Yo le enseñé a combinar la ropa, mirá como aprovechó el curso acelerado ahora! ¡JA! Esta haciendo algo… se arregla más ahora, seguro va al gym… quiere llamar la atención, l@ escucho desde acá como habla a los gritos… Seguramente está hablando con el primer gato barato que encontró para hacerme sentir menos, es así… ¡Inmadur@! ¿Qué se piensa, que estoy pensando en él/ella? ¿Qué se cree que me preocupa su presencia, que me molesta, que todavía es importante para mi, que cada vez que l@ veo siento que me estalla una Hiroshima interno? Pero por favor, si ni siquiera me movió un pelo cuando l@ vi… (silencio) ¡¿DECIME YA QUÉ CARAJO ESTÁ HACIENDO, CON QUIÉN HABLA?!

Rolling in the Deep, Adele

Por suerte mi situación actual es distinta. Pero volviendo a mi colección privada también guardo fotografías (archivadas en Cd’s y DVD’s, varios), paquetes de chocolate y golosinas variadas, ticket de cine, teatro, alguna cuchara de un licuado compartido, bolsas de los regalos que me dio, una taza enorme, hasta registro de mensajes de texto tiernos que derrochan cursilerias y amor, tal como a mi me gusta (para qué guardar las discusiones, a esas mejor perderlas que reencontrarlas). Sí, lo admito, además de ciclotímico soy obsesivo compulsivo, con complejo de hombre puede-lo-todo y sobreprotector.

Como decía, por suerte mantengo una buena relación con mi ex. ¡Sí, ¿de que te reís?! ¡Se puede! No digo que sea fácil pero, ¿qué carajo es fácil en esta vida? Mientras haya voluntad, está todo genial… claro, voluntad para calmar el huracán de sensaciones internas con “sensatez y sentimiento”, porque bien cabría la pregunta: Si la relación terminó, ¿el amor vuelve? Y yo te diría que donde hubo fuego… la cuenta del gas me vino saladita este mes me parece… Y no hay pastilla que te ayude a olvidar, no hay máquina borra memoria y esa persona termina siendo aquel “eterno resplandor de una mente sin recuerdos”. Sí, al principio cuesta, pero no hay nada mejor que terminar una relación tratando de rescatar lo mejor y sabiendo que probablemente es por el bien de ambos: “Es tan bueno despedirnos como habernos conocido, es tan bueno aceptar la derrota como fue luchar por lo que tuvimos tu y yo”, diría Julieta Venegas…

Sin embargo, hay algo que todas las relaciones entre EX comparten: necesidad de subtítulos para comprender las indirectas, evasiones, lenguaje corporal y todo lo que no expresan aquellos que intentan medir lo más posible todo lo que dicen para no aportar demasiada información. A saber:

1) El saludo inicial siempre suena a que algo le falta: “Hola, (…) Sí… en ese bache debería ubicarse la palabra amor, o el pseudónimo con el que te llamaba, esa denominación cariñosa que ya no puede pronunciarse para no “confundir las cosas”. Automáticamente, seguro alguien desvía la mirada, como intentando esquivar el bache, mediante una respiración audible y por boca se continua con la charla con un “¿Cómo estas?” a secas.

2) En realidad lo que menos querés saber es “¿Cómo está?”, pregunta pelotuda si las hay, porque en realidad, te morís de ganas de saber si estuvo con alguien más, si todavía te recuerda, si aún quedan restos aunque sea fósiles de ese dinosaurio extinto que puede ser hoy en día la relación, etc… Hay mil preguntas y dudas que te rondan la cabeza, pero por orgullo, miedo o evitar discusiones, se omiten.

3) La charla comienza a girar en torno a cuestiones completamente alejadas de “the big topic” que es la relación o situación sentimental actual de ambos, para evitar enojos, heridas, peleas, malos tratos, violencia, insultos, escándalos, reclamos, justificaciones, entre otros varios posibles derivados. Todo ello es acompañado por algunas miradas cómplices, sonrisas y evasiones abruptas para evitar caer en la tentación o demasiada exposición de sentir, o bien con mirada de rabia, ojeras, soslayo, bronca y la clara imagen del rostro de tu ex ensartado en una boya naranja en el medio del Atlántico.

4) El “te ves bien”, aparece cuando la charla es invadida por silencios incómodos y luego de una inspección profunda de la vestimenta, humor y estado físico del interlocutor. Es un análisis más exhaustivo que policía yankee en aeropuerto ante musulmán sospechoso de kamikaze o latino catalogado de “narco-indocumentado”. Ahí la ola de preguntas te invade y se te anudan todas en la garganta y ahí, o la escupís o la tragás… no queda otra…

5) Si ya se hablo de la situación anímica de cada uno, de las actividades que de pronto se asumen para intentar no pensar en el actual fracaso amoroso, de la facultad, el trabajo, la vida de cada uno de los familiares (sí, hasta de aquellos que uno nunca conoció), las aventuras de todo el círculo de amistad de cada uno (pareces interesado hasta de aquellos a quienes les deseabas que una topadora les destruyera la casa), bien… una vez atravesados todos esos tópicos, ahí recién pueden llegar a surgir los comentarios sobre el estado actual del clima, el torneo apertura, el sistema de boleta única, lasganasdehacertedetodoquetodavíatetengo, lo sucia que está la ciudad, la inseguridad, lasganasdedecirtequeteamoyquierovolverarevivirtodalamagiaqueteniamosjuntos, la marea roja, la crisis económica, y… – “¿perdón, que dijiste antes de la crisis?”… ¿yo? Nada… que se yo, hablamos de tantas cosas que por ahí se me pasan un par…

No querés quedar como un/a histéric@… y sí, extrañás todo (bueh, gran parte… en algunos casos sólo “algo”, pero se extraña), pero tu orgullo, tu sensatez, su ubicuidad, te impiden decirlo. Y sólo quedan dos caminos. Ser sinceros y con honestidad brutal sacarse las caretas y decirlo todo… o callar y decir solamente “chau”.

Si la relación terminó mal, lo mínimo que le deseas a ese espécimen es que termine colgado de los testículos/ovarios desde lo alto de la Torre Eiffel o la antorcha de la Estatua de la Libertad. Podes pasar semanas, meses, años recordando todo lo vivido, sin hallar un buen balance entre lo bueno y lo malo y matándote masoquistamente con canciones que te recuerden tu espantosa realidad (recomiendo “Someone like you”, “Set Fire to the Rain” o “Rolling in the Deep”, del album “21”de Adele o algunos temas de James Morrison).  Podés ponerle “me gusta” a mil frases de “Facebook” para sentir el placer de enviar alguna indirecta, tratar de enterarte de cada uno de sus pasos cuan detective secreto, comer kilos y kilos de helados y chocolates para pasar esa angustia que queda atorada en el esófago y que no se va una mierda con los putos movimientos peristálticos, y también podés tener la insana necesidad de verl@ aunque sabes que eso te hace mierda… Pasa… y ojalá sepas que “es solo un momento”, como canta Vicentico… Algún día comprenderás que ya se volvió una obsesión insana en tu vida y es hora de seguir adelante, por VOS, por lo que vales y porque te mereces lo mejor, y te aseguro, lo mejor no es un recuerdo, ES HOY!

 Estoy muy agradecido de poder mantener una muy buena relación con mi Ex, gran persona si las hay. ¿Por qué terminó? Cosas de la vida que quedarán entre nosotros y todo el círculo íntimo que las conoce de memoria de tantas veces que ambos debimos haberlas relatado. La cosa es que lo mejor que te puede pasar es romper en buenos términos, antes de que las heridas sean mayores y se vaya todo a la mismísima mierda. Lo mejor es quedarse con esos momentos de absoluta plenitud que viviste con ese ser que amaste tanto, degustar cada buen recuerdo de vez en cuando, poder seguir estando cuando el otro te necesita y saber que contás con alguien que te conoce como nadie para compartir penas y alegrías. Podés morir de tentación, de celos, lanzar alguna indirecta, algún palazo en la nuca, pero si todo quedó bien lo que menos pretendés es dañar a quien te hizo vivir los momentos más felices de tu vida, y de los cuales nunca te vas a olvidar. Valorás entonces el cambio que pudo haber dado tu existencia gracias a la intromisión de esa persona, y lo agradeces.

Los Ex son temas de varios monólogos, seguramente…

V.O.S. de La Oreja de Van Gogh… para cuando ves a esa persona y claramente la charla requiere de subtitulos…

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Confesiones de una mente al borde de la ciclotimia galopante por Jonathan Picossi se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.

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