Confesiones de una mente al borde de la Ciclotimia Galopante – De la Crisis a la Praxis

¡Hace días que me sentía más perdido que argentino en la luna de Valencia guiado por un GPS en ponja! (no admito chistes sobre mis ojos, ¿entendido?) Es en esos momentos en donde me arrepiento de no haber sido Boy Scout (¿?).

¿Viste cuándo sentís que el mundo te supera, que la paciencia te falta hasta para hacer un buen huevo frito, que tenés ganas de agarrar un tenedor y empezar a clavarselo en la frente a la gente y retorcerlo y armar palabras, escribir con buena caligrafía un buen “pelotud@” como las esvásticas en “Bastardos sin Gloria”, todo para gozar de esa sensación de paz interna que te dice que por fin podés sentirte mejor con vos mismo? Ahhhhh (suspiro) ¿No les pasó? Emmm… bueno, creo que debí omitir el último comentario… cualquier cosa, ¡yo no fui!

Es en esos momentos en donde te sentís realmente angustiado, y la sensación real es que tenés la pata de un rinoceronte en el pecho, y encima el hijo de puta tiene cistitis y te mea en la cara y vos, como no podés respirar por el peso, tenés la geta abierta como cuando te hacen un tratamiento de conducto, como para completar el metafórico cuadro de mierda acumulada que te sobrepasa. Sí, digamoslo, en resumidas cuentas te sentís como inodoro de baño público.

Pero, es en esos momentos de autoflagelamiento psicológico post-traumático en donde parás un minuto de maquinar, reflexionas dos segundos (y no me pidas más), y con cara de tránsito lento preguntas públicamente: “¿Alguien por casualidad tiene idea de cuanto está costando un pasaje a la reconcha de la lora?”. ¡¡¡O sino preguntas directamente cuánto vale el flete hasta allá para mudar toda la mierda que cargas en tu valija, y de paso mandas un charter con tod@s l@s pelotud@s que te tienen los huevos/ovarios al plato!!!

Siendo más gráficos, para que los hombres podamos entenderlo mejor y las mujeres se sientan identificadas, es como si “te hubiera venido”, pero no hay tampón o toallita higiénica que ayude a contener el torrente de porquería que sentís en el alma. ¡Te supera!

Creo que no hay nada más asqueroso en la televisión que las publicidades de yogurt para que te dé diarrea, de desodorante de ambiente y el nene boludo que quiere ir al baño de Carlitos (¡¿Qué tiene Carlitos, si lo mismo el desodorante puto se mezcla con el olor a bosta y los frutos del bosque se terminan pudriendo?!)… y por supuesto, las publicidades escatológicas de toallitas femeninas con la prueba técnica del chorro azul que se absorbe y vos decís: “¿con qué necesidad?”.

Pero volviendo al tema de mi estado de sorete mal cagado, uno ya no se pregunta tanto las causas sino más bien las consecuencias, porque repercute en toda tu vida cotidiana. Mal humor constante, te dicen “hola” y vos respondes “sobamela”; las horas del día no se pasan más; sentís que nadie te da pelota, que ni te registran; la gente te pregunta “¿te está por venir? O ¿estás constimpad@? dependiendo del sexo, claro… algunos hasta te recomiendan públicamente que cojas: “A vos te hace falta un buen polvo, a la carrera aunque sea”. Y encima te lo dicen con cara de “tengo la super experiencia” y vos por dentro decís “¡¿qué hablás, VIRGEN, si con ese cuerpo de lavarropas mal centrifugado lo más cerca que tenés del polvo es el jabón?!”. Y vos sos capaz de mirarl@ y decirle: “¡hacele un favor al mundo y perdete en alguna fosa!”

¡Todo te parece una mierda, no hay nada que desentone de la basofia! ¡Es como si un decorador de interiores te hubiera acomodado el planeta según el Feng-shui de la cagada misma para que la negatividad no se escape! ¡Es como una antena parabólica receptora de porquería desde algún satélite que hace que recibas una señal mal codificada, como cuando querés identificar la pose en la que se están dando en algún canal porno entre lluvia de estática multicolor! Es gracias a ese tipo de experiencias pajeras que llega el día en el que te sentís un experto en doblaje de cine porno, te aprendes todos los sonidos inmundos que uno hace cuando coje.

Volviendo al tema, en esta etapa de mierda tenés muy baja la autoestima, te sentís feo, o muy gordo o muy flaco, la ropa te queda como una bolsa de alpiyera tratando de vestir a un palo de escoba o directamente ya no te queda, no tenés ganas de afeitarte o depilarte, te levantás tarde o vivís en un estado de abducción alienígena mental permanente porque el único momento en el que te sentís menos meado por el brontosaurio es cuando dormís, comes, fumás o te emborrachás. O sea, un estado baaaajo, más hondo que la zanja de tu vecina de la cual salieron los 33 mineros y me informan que acaban de encontrar el mayor yacimiento de la Tierra.

Aquellos con baja autoestima quizás reconozcan esta serie de frases:
“No, yo no sirvo para eso”; “Es tarde para aprenderlo, mi tiempo ya pasó”; “¡No nací con ese don!”; “Vos tenés la facilidad que yo no tengo, así que metete tus consejitos de autoestima por el centro del or…”; “Seamos realistas, o sea… soy yo, bolud@! JA, ¿no te das cuenta?”; “¡Estuve tres años estudiando esta carrera de mierda y ahora me vengo a dar cuenta de que en corte y confección me hubiera ido mejor!”; “No tengo ganas ni de ornearme la nariz”; “Yo en la otra vida debo haber sido muy hij@ de puta para merecer esto”; Etc, etc, etc… entran también las frases relacionadas con la dieta que no me funciona, la vida que no me sonríe, no tengo ni voluntad para suicidarme… ¡¡¡mucho quilombo organizar todo y encima tener que escribir una carta explicándo por qué!!!!!! ¡Todo es burocracia, mierda!

Bueno, es momento de calma, porque en medio de semejante huracán de bosta es posible encontrar algo positivo… que se yo, seguro que siempre hay alguien con quien puedas hablar y sentirte escuchado. Alguien que no te diga qué hacer y te hable como tu mamá cuando te dice “yo te dije” (porque no hay cosa que te rompa más las pelotas que eso), sino más bien que te escuche y te ayude a construir esa escalera que te va a permitir salir de ese pozo ciego. ¿Alguien? ¿Un amigo, primo, hermano… sobrino segundo, alguien? Ahhh, Mierda… Estamos al horno…

Hay que tener en claro una cosa: si no nos valoramos nosotros mismos ¿cómo carajo vamos a pretender que el resto nos valore, que reconozca nuestro esfuerzo, talento, capacidad? ¡Somos nuestros propios enemigos, autoboicoteandonos todo el tiempo por considerarnos unos loosers, fracasados y cagados por una paloma tamaño Godzilla! Es momento de cambiar, de poner empeño y voluntad y pasar de una vez por todas de la crisis a la praxis…

Basta de gastar energías en quejas, en una perspectiva acotada y negativa del mundo, hay que salir del inconformismo cómodo y enfrentarse a la incomodidad, cómo diría Dussell, emerger hacia la “intemperie”, ahí donde quedamos desnudos ante el resto del mundo y somos capaces de entregar todo, sin esperar recibir nada a cambio, sólo por el placer de actuar.

Hay que decir proporcionalmente al hacer y tener la firme convicción de que quizás no pueda mejorar del todo la vida que llevo, pero paso a paso, con voluntad, puedo al menos intentarlo y así avanzar… ¡De la crisis a la praxis!

Por último, les dejo un tema que no viene mal para reflejar ese malestar que te inunda de vez en cuando, en especial, cuando recordás lo bueno que tuviste y ya no tenes. ¿Dónde es que me ubico yo en el medio de todo esto? Llega el otoño, Abril Cantilo.

Licencia Creative Commons
Confesiones de una mente al borde de la ciclotimia galopante por Jonathan Picossi se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.

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