Un día aprendí

Por Jonathan Picossi

Un día aprendí que cuanto más dura es la caída, mientras haya voluntad, más grande es la lección.

Un día aprendí que tiempo al tiempo, implica esperar a que las heridas sanen, rogar a que el corazón siga latiendo, y tener la valentía de arrancar de cero, cuanto sea necesario.

Un día aprendí que un corazón roto sólo cicatriza con lágrimas, tiempo y el amor de quienes nos inspiran la seguridad de que cada día vale la pena, a pesar de que veamos el horizonte en llamas.

Un día aprendí que el frío es un conocido amigo del desengaño y la desazón, pero enemigo fatal de la cordura y la verdad de quienes somos.

Un día aprendí que los vicios se adquieren cuando más indefensos nos sentimos.

Un día aprendí que la soledad es un reflejo que nos acompaña tanto como una sombra que nos abruma.

Un día aprendí que cada uno ama y expresa su amor a su manera.

Un día aprendí que cada uno es libre de vivir como le plazca mientras no perjudique a terceros, y que no debe haber culpa ni vergüenza en demostrar quienes somos, porque allí radica la autenticidad de nuestra existencia.

Un día aprendí que las expectativas ciegan la razón y nos vuelven esclavos de nuestra propia imaginación, para que luego la realidad nos traicione.

Un día aprendí a no esperar nada de nadie y sólo sorprenderme con el devenir de la vida misma.

Un día aprendí que cuando perdemos a quien amamos, jamás podremos suplantarlo, pero debemos dejarlo ir para que pueda encontrar su lugar en algún otro sitio donde pueda estar mejor.

Un día aprendí que no puedo odiar a quien amé, amo y amaré, y por ende, jamás podría causarle dolor a pesar de la distancia cuando todo parece haber sucumbido; sólo brindarle protección, calidez, aquella paz que quizás a mi lado no encontró y desearle una mejor fortuna la próxima vez.

Un día aprendí de la templanza, la paciencia y la sensatez.

Un día aprendí a perder la sensatez y entregarme a la falta de cordura.

Un día aprendí lo valioso de confiar en los instintos y a estar más atento a las señales.

Un día aprendí de mí y no me gustó, pero comprendí que si no logro hallar la paz interna jamás transmitiré confianza y estabilidad en mis actitudes.

Un día aprendí que para ayudar hay que aprender a ser ayudado, sin soberbia.

Un día aprendí a valorar cada momento y cada acto, desvalorizando la superficialidad y las nimiedades.

Un día aprendí que el olvido es el dominio de los propios impulsos para saber esperar lo que sea necesario para entender que el pasado es pasado, sin buscar aprender las lecciones cuando no estamos preparados para comprenderlas.

Un día aprendí que vale más callar cuando estás seguro que no estás listo para decir, y decir cuando la necesidad de hacerlo se vuelve sofocante.

Un día aprendí que cada instante es importante para hacer aquello que tu corazón te pide, y que el futuro jamás llegará, por lo que sólo nos queda vivir el aquí y el ahora.

Un día aprendí que el mañana dirá tanto como lo que el pasado dijo, pero nunca dirán nada como lo que el presente nos dice.

Un día aprendí que si vivimos pensando en lo que vendrá o en lo que fue, jamás podremos disfrutar realmente de lo que somos.

Un día aprendí que no hay herida más grande que la del amor, que no hay hechizo más potente que el del amor, que no hay sexo, beso, sonrisa más valiosa que la del amor.

Un día aprendí que el amor es dar todo de sí sin esperar nada a cambio.

Un día aprendí que para perdonar hay que saber pedir perdón, y por ende, saber situarse en el lugar del otro.

Un día aprendí que el reclamo es un grito ahogado que no pudo ser dicho con calma cuando el acto nos molestó.

Un día aprendí de la autocrítica, el respeto, la responsabilidad y la libertad de hacer lo que realmente queramos, sin pensar en el qué dirán, pero dispuestos a asumir las consecuencias de nuestras propias acciones.

Un día aprendí de la magia del silencio.

Un día aprendí del peso de la palabra.

Un día aprendí a valorar lo que perdí.

Un día aprendí a ser amigo de la nostalgia y enemigo del rencor.

Un día aprendí que la evasión es una salida fácil que no estoy dispuesto a tomar.

Un día aprendí que el amor es para valientes.

Un día aprendí de cuanto lastima la cobardía.

Un día aprendí que el sexo es cultura, la democracia persuasión y la locura mi autobiografía.

Un día aprendí que la amistad es invalorable.

Un día aprendí que la lealtad es estar junto al otro sin juicio moral que nos obnubile, con la sinceridad propia de quien conoce el valor de la verdad ante todo.

Un día aprendí de cuanto significa una sonrisa, una mirada, una lágrima, un abrazo, una caricia, un beso.

Un día aprendí que aquello que está destinado a ser, será.

Licencia Creative Commons
Confesiones de una mente al borde de la ciclotimia galopante un día aprendí por Jonathan Picossi se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.

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