Desvarios ciclotímicos modernos: por favor, perdón, gracias

–        Quería pedirte perdón por como me comporté anoche, por lo que dije… no se, me sentí saturado y no pude controlarme…

–        ¡Ahhhh no, va a parar de llover!!! ¡Estas pidiendo diculpas! ¡Reconociste un error, al fin!

–        Agggggggg….

Cuando la cólera se apodera de uno, se apodera en serio y no hay remedio ni yogurt para el tránsito lento que te ayude a evacuarla. “Me siento hinchad@, y la hinchazón no es sólo acá (señala estómago), es acá también (cabeza), entonces te sentís como si el gomero de la esquina te hubiera sobreinflado las cubiertas internas y quedas como para tirarte al río y que 150 pendejos se te suban y floten. ¡¡¡Hinchad@ de bronca!!!”.

Y entonces, luego de una noche de insomnio o un par de horas donde sentís que nada te sale bien, que el mundo es una caca con moscas verdes, cuándo tenés ganas de remodelar tu cuarto a patadones e intentar quebrar copas de cristal con inescrupulosos gritos (luego de semejante huracán emocional), llega la calma… la reflexión… la puteada interna dirigida a uno mismo y al/a la  interlocutor/a damnificado/a. Y la culpa y el rencor son tan irritantes como el silbido de las pavas silbadoras: ¡Para qué mierda te vas a comprar una pava que silva si después te vas a quejar de que lo hace! ¡Es casi tan absurdo como comprarte un microondas que sabes que te va a dejar las pizzas y empanadas húmedas cuando las calentás, o la carne dura!

– Tomá aire y contá hasta diez para que se te pase…

– ¡¿Pero por qué mejor no contas vos los diez patadones en el orrrto que te voy a dar si seguis hablando boludeces?!

Todos se vuelven enemigos públicos, con una mira de dardos en la frente esperando que claves tu lengua filosa en el centro. Todo se vuelve, internamente, una gran bola de bosta que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Ya ni medís las consecuencias, no te das cuenta de las infracciones viales que cometés por el camino de la vida y las onerosas multas que luego vas a tener que pagar, y entonces ahí sí vas a rogar “trágame tierra”.

Discusiones, ironías, sarcasmos tan ácidos como morder una docena de limones, comentarios hirientes, referencias a momentos pasados similares en lo transitado, gritos, insultos, calamidad tras calamidad en una lucha de gladiadores lingüísticos invencibles, pero muy vulnerables. Las heridas quedan bajo la piel y no hay crema para las cicatrices que las cure, sólo el tiempo… y el perdón.

Pedir perdón a veces es uno de los gestos más difíciles del mundo… es reconocer los propios errores, las propias falencias, es sentirse derrotado. Perdonar también tiene que ver con reconocer las propias equivocaciones, las heridas provocadas, porque en una pelea de a dos, las cosas pasan por dos, y así las cuentas matemáticas crecen de acuerdo al número de interlocutores intervinientes. Sin embargo, pedir perdón y perdonar es un acto de total valentía. Es como pararte en frente de alguien que tiene la clara intención de clavarte un tenedor en la frente y sacarte los ojos con una cuchara sopera, o peor, con uno de esos cositos con los que se hacen las papitas fritas redondas… es dejar el orgullo de lado y entregarse arrepentido por lo cometido. Pedir perdón, al fin y al cabo, es ponerse en el lugar del otro y saber lo que sintió.

–        Te dije perdón… no quiero seguir peleando…

Entonces algún gesto inesperado ayuda a calmar la tensión del momento. Una risa, un guiño, una mirada, una lágrima, lo que sea… es como que te den un baldazo de agua fría y después una toalla para secarte. Vas a seguir mojado, pero con el tiempo vas a secarte, algún chiflete de aire te va a dar escalofríos, pero el calor va a volver a tu cuerpo…

En definitiva, “por favor, perdón y gracias” no son sólo palabras que figuran en el diccionario… no son sólo buenos modales… son gestos que implican desnudar todo lo que uno siente ante el otro, mostrar auténticamente quién es uno… son pasajes de valentía que valen la pena transitar.

Por favor… perdón. ¡Gracias!


One comment

  1. No hay nada mas grato que decir Perdón. Y estas palabras que parecen tan simples, parecen ser las primeras que nos enseñan, despues de mamá y papá, son las que más no cuestan usar, y esta parte nunca fue tan bien enseñada por nuestros padres, o con la dedicación que se merecen.
    En cuanto a ” porfavor”, no sé hasta que punto es bueno, prefiero como se dice en francés, S’il Te Plaît, que sería , Si Querés! …

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